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1.- Caries.

Es la enfermedad bucodental más común, llegando a afectar a un 90% de la población mundial. La caries consiste en unas grietas originadas en los dientes por la acción de los ácidos de los alimentos en descomposición. Comienzan dañando la parte exterior de la pieza dental, pero si no se para a tiempo puede llegar hasta el nervio y entonces el dolor es mucho mayor. Normalmente se tratan con un empaste, pero si se trata de un caso grave es necesario una endodoncia, en la que se desvitaliza el nervio dental. La manera más eficaz de prevenirla es con una higiene dental completa, cepillándote después de cada comida y con un dentífrico rico en flúor. Además del cepillado dental diario, te recomendamos que al menos una vez al año te realices una limpieza dental completa con tu dentista.

2.- Gingivitis.

Se trata de  una inflamación de las encías provocada por al acumulación de placa bacteriana en la línea de las encías. Esta acumulación es causada por una deficiente higiene bucal, poco uso del hilo o seda dental y normalmente el tabaquismo la favorece. Las encías enfermas se inflaman y se enrojecen y suelen sangrar con el cepillado. Para su prevención lo mejor es asegurarnos de que se elimina correctamente la placa bacteriana de todos los espacios interdentales.

3. Halitosis.

No es otra cosa que el mal aliento. Una enfermedad muy desagradable tanto para el que la padece como para su círculo más cercano. Viene causada por una mala higiene bucal, caries, tabaquismo y malas digestiones. Esta enfermedad afecta a un 50% de la población mundial. Para evitarla, además de cepillarte los dientes y usar seda y enjuague o colutorio, deberías evitar aquellos alimentos que alteren el olor de tu aliento, como pueden ser el ajo, la cebolla, el café, bebidas alcohólicas y favorecer en cambio el consumo de alimentos cítricos que ayudan a la producción de saliva, no olvides beber agua constantemente y masticar lentamente.

4.- Periodontitis. 

Esta enfermedad sucede cuando se produce una infección progresiva de las encías y hay una pérdida de la materia ósea que hay alrededor de la pieza dental. Todo ello provoca finalmente la pérdida o desprendimiento de dientes y muelas. Aunque parezca una gingivitis es mucho más grave. Sus síntomas son los mismos que los de la gingivitis y su prevención es la misma: una correcta higiene bucal completa, usos de esa dental, colutorio y una limpieza dental al año, realizada por un especialista.

5.- La piorrea.

La piorrea es una enfermedad muy similar a una periodontitis grave, en la que no sólo existe inflamación de encías, sangrado y pérdida de piedras dentales, sino que además añade superación de pus que da un color amarillento la zona de unión entre diente y encía. Para prevenirla, volvemos a lo mismo: higiene bucal completa. En caso de detectarse, es fundamental acudir lo antes posible al odontólogo que él mejor que nadie sabrá aplicarte el tratamiento más adecuado.

6.- Cáncer bucal

Afortunadamente, no se trata de una enfermedad muy común pero es realmente grave. Cuando no existe una limpieza adecuada, en la boca habitan muchos gérmenes y bacterias, que ocasionan este tipo de enfermedad. Suele manifestarse a partir de cualquier llaga, inflamación o ulceración que dure mucho tiempo y normalmente es en el labio inferior. Puede parecer un herpes o unas calenturas pero que nunca terminan de curarse  con los tratamientos habituales. Su prevención es muy compleja, aunque siempre es de gran ayuda llevar una correcta higiene buco-dental y evitar el tabaquismo y el consumo de bebidas alcohólicas. Tampoco son apropiadas las dietas deficientes en vitaminas A, E, C o hierro. Gracias a una revisión dental periódica, se puede detectar y actuar a tiempo.

7.- Leucoplasia.

Quienes padecen esta enfermedad tienen una especie de manchas en la lengua, la boca y las paredes interiores de las mejillas, pero su origen se desconoce aunque se apunta a la aspereza de los dientes o las prótesis dentales y el tabaco como las causas más probables. Para tratar esta enfermedad se recomienda como primera medida mejorar la higiene buco-dental e intentar eliminar la causa que lo provoca: dejar de fumar, limar las piezas que sean necesarias y retirar las prótesis si fuera necesario.

8.- Herpes labial.

Esta enfermedad es también muy común y en muchos pacientes es muy recurrente. Se trata de una infección causada por el virus del herpes simple que suele afectar en los labios pero que puede extenderse también al interior de la boca y las encías. Se caracteriza porque aparecen pequeñas ampollas muy dolorosas, también conocidas como calenturas. Para su tratamiento existen en el mercado muchas y variadas soluciones como parches transparentes, cremas y fármacos orales.

9.- Candidiasis.

Se trata de un infección provocada por hongos, siendo el más frecuente el cándida albicans. La infección presenta placas cremosas y blanquecinas en la lengua, el paladar y la mucosa de la boca, pudiendo en algunos casos afectar también a la vagina. En su tratamiento es básico una adecuada y cuidadosa higiene dental, pero también es necesario aplicar una pomada antimicótica, generalmente durante 7 días.

10.- Bruxismo.

Es como se denomina a la acción de rechinar o apretar los dientes de manera involuntaria. Afecta a un 15% de la población mundial y puede acarrear varias consecuencias como dolor de cabeza, dolor en los músculos de la mandíbula, cuello, oído… Pero el efecto que causa directamente en las piezas dentales es un alto desgaste, reduciendo así el tamaño de las mismas. Los pacientes de bruxismo pueden apretar los dientes de manera involuntaria tanto de día como de noche. Hay muchas causas asociadas a esta enfermedad, pero la mayoría de especialistas coinciden en el estrés como principal desencadenante. A la hora de tratarlo, se ha demostrado que la reducción del estrés y la ansiedad pueden disminuir esta enfermedad dental. Consulta con tu dentista como puede ayudarte y aplicar medidas como protectores dentales y las férulas suelen emplearse mientras el paciente duerme.

11.- Sequedad bucal.

Las personas que producen poca saliva, sufren de boca seca. Además de esta sequedad, también se nota cierto ardor y dificultad para masticar, halitosis, labios secos y agrietados. Esta situación puede darse también provocada puntualmente por una deshidratación, determinadas digestiones, o consumo elevado de alcohol. Por lo que para tratarla hay que aumentar la hidratación lo antes posible,sobre todo tomando agua, y evitando las bebidas con gas, alcohol y café o té. Una forma muy sencilla para producir más saliva es masticar chicles sin azúcar.